CÉSAR VALLEJO: 81 AÑOS DE UNA AUSENCIA QUE NO SE OLVIDA

SANTIAGO DE CHUCO, PERÚ. Hace 81 años César Vallejo, el poeta peruano más universal, falleció en París, rodeado de un puñado de amigos y su esposa Georgette. Era el viernes 15 de abril de 1938. Pero, visto desde hoy, Vallejo aquel día no murió. Aquel día, Vallejo se hizo inmortal.

Eso se puede comprobar ahora visitando Santiago de Chuco, la cuna del vate. Apenas se arriba al pueblo, se percibe un aura de cierto misticismo que se mezcla con un ambiente festivo. Frente a la casa de su infancia hay una tela fúnebre y unas velas encendidas, que lloran junto a una cruz negra que lleva su nombre. Se observa también a muchas personas vestidas de negro, como en un día de luto, dirigiéndose a la Parroquia de Santiago Apóstol.

Para cuando empieza la misa en memoria de César Abraham Vallejo Mendoza, la iglesia está abarrotada. Se respira el aroma de los sahumerios y de los arreglos florales bajo la mirada indulgente del Apóstol Santiago, a cuyos pies Vallejo alguna debió postrarse y con quien siempre guardó una estrecha relación a pesar de la distancia y de sus ideas políticas.

“Le ruego mandar decir una misa al Apóstol a mi nombre… Le he pedido al Apóstol me saque bien de un asunto. Le suplico mucho que mande decir esa misa”, le dice a su hermano Víctor en una carta de 1929.

El párroco, durante su sermón, les recuerda a los santiaguinos que Vallejo morirá solo si ellos lo olvidan. En realidad, es muy difícil que algo así llegue a suceder, pues la gente de Santiago ha tomado conciencia de la importancia que tiene para su pueblo el autor de Los heraldos negros, por algo le llaman “hermano mayor”.

El alcalde de Santiago de Chuco, Juan Gabriel Alipio, destacó la importancia que tiene la figura de Vallejo para su pueblo.

“Vallejo abre puertas”, dice el alcalde provincial de Santiago de Chuco, Juan Gabriel Alipio, en su discurso; una llave maestra que le ha ayudado a abrir puertas burocráticas en la gestión de diferentes proyectos.

El presidente del Congreso, Daniel Salaverry, y otras autoridades llegaron a Santiago para rendir homenaje a la memoria de César Vallejo.

El presidente del Congreso, Daniel Salaverry, y su colega Elías Rodríguez, por su parte, coinciden en señalar que Vallejo rebasó los límites de la poesía, pues también fue un pensador y activista político, que se preocupó por los problemas sociales de su tiempo y remarcaron que, en efecto, como dijo el autor de Trilce: “Hay, hermanos, muchísimo que hacer”.

Vallejo tampoco puede ser olvidado porque se renueva con las nuevas generaciones de santiaguinos, que son capaces de recitarlo con absoluta espontaneidad como si Vallejo formara parte natural de sus vidas. A varios de ellos, que lo declaman con fervor, los llaman los “Vallejitos”.

Los “Vallejitos” conmovieron con sus declamaciones, junto a la réplica de la tumba de César Vallejo, en el cementerio de Santiago de Chuco.

Son los “Vallejitos”, precisamente, quienes hacen una sentida declamación junto a la réplica del poeta. Una réplica exacta a su última morada en el Cementerio de Montparnasse.

Y como Vallejo fue hechura de sus padres, se ha homenajeado también las tumbas de don Francisco de Paula Vallejo y la de doña María de los Santos Mendoza. Sobre sus sepulcros ha sido colocada una escultura: una piedra negra sobre una piedra blanca, como el título del poema en el que Vallejo predice su muerte.

En el cementerio de Santiago se ha construido una réplica exacta de la tumba de Vallejo en el
Cementerio de Montparnasse de París.
Las tumbas de los padres del vate universal también fueron homenajeadas.

En la piedra negra se lee: “Húmeda tierra de cementerio huele a sangre amada…”; y en la piedra blanca: “Madre, me voy mañana a Santiago, a mojarme en tu bendición y en tu llanto…”.

Y nosotros nos vamos hasta cuando los caminos de la poesía nos traigan de vuelta a Santiago para conocerlo mejor, hablando con su gente, comiendo sus platos en los que seguro no ha de faltar el cuy o la cuya “para comerlos fritos con el bravo rocoto de los temples” y para caminar los caminos por los que César Vallejo alguna vez anduvo.

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