CARNAVAL EN LAS ALTURAS

TRUJILLO, PERÚ. Apenas llegamos al pueblo nos sentimos bienvenidos. Cruzamos el arco de la entrada ­–en el que,por cierto, se lee: Bienvenidos a Julcán– y nos encontramos con gente de ánimo festivo que nos cede el paso. Rato después, cuando descendemos del vehículo, lo primero que destaca a nuestra vista son los siete árboles plantados alrededor de la Plaza de Armas de La Villa de Julcán, adornados con cintas y globos decolores; de sus ramas penden frutas y artículos diversos, que van desde un tazón de plástico hasta un colchón de plaza y media. Son las populares yunzas o palos cilulos.

 A eso del mediodía, la plaza ya luce abarrotada. Grupos de amigos empinan el codo animados por las melodías de las bandas de músicos. Entre tanto, nubarrones grises cubren el cielo de Julcán anunciando que se avecina la lluvia, pero eso a nadie parece importarle. Al contrario, desde los cuatro puntos de la provincia la gente sigue llegando para alentar a sus barrios en el concurso de carros alegóricos y comparsas.

El desfile comienza con las primeras gotas de lluvia. Los carros alegóricos, las comparsas y las bandas de músicos pasan frente al estrado oficial, en el que están, encabezados por el alcalde provincial de Julcán, Marco Rodríguez Espejo, los alcaldes de los distritos de Carabamba, Calamarca y Huaso junto a otras autoridades de la provincia, todos vestidos para la ocasión con ojotas de jebe, poncho de lana, sombrero y calero en mano chacchando coca. Hermosas y radiantes, también están allí las soberanas del carnaval.

Arrecia el aguacero, pero en la plaza de Julcán no cabe un alfiler. Empapados, varios se trepan en puntos elevados para tener una mejor vista del desfile. Los balcones de las casas aledañas también lucen repletos.

En los carros alegóricos, con mucha creatividad, los concursantes representan actividades cotidianas de sus pueblos. Así vemos, por ejemplo, al zorro que arrebata las gallinas y los corderos de los campesinos, a los bueyes y al yuntero surcando la tierra para la siembra. En tanto que en las comparsas vemos a los chunchos que se baten en duelo por el amor de una doncella, a los diablos y otros seres de ultratumba, al viejo bailando con su vieja (otro hombre vestido de mujer) y otras creaciones de su ingenio.

A su paso las comparsas entregan a las autoridades ofrendas alimenticias: chicharrones crocantes y doraditos con mote de maíz, crujientes cuyes fritos con mote de trigo y ajiaco de papa, jamón con yuca y sarsa criolla, papa revuelta con pellejo de chancho y otras exquisiteces que le hacen cosquillas al paladar. Y, por supuesto, no puede faltar la refrescante chicha de jora para desbravar los picantes de la sierra.

En esta celebración no hay estigmas ni discriminación. Participan todas las personas de espíritu alegre sin distinción de sexo ni edad. Cumplir con esta tradición les demanda un esfuerzo físico y económico, que ellos asumen con gusto para disfrutar de manera colectiva y fraterna.

El tiempo ha pasado de prisa. Nos damos cuenta de que ya se acerca la hora de regresar a casa. Todos los alcaldes, casi a una sola voz, nos invitan a volver para que nos muestren más encantos de sus pueblos.

Uno de los más entusiastas a este respecto es el alcalde del distrito de Huaso, Carlos Díaz Cruzado. “Invitamos a los turistas a conocer nuestro complejo arqueológico Huasochugo, la represa Huacatina, Chinchipara, las puyas Raimondi”, nos dice mientras cae la noche y se arma la jarana en la plaza después del desfile.

Para los lugareños el Carnaval Julcanero 2019 continúa, pero nosotros ya nos vamos. Nos vamos con las ganas de volver a esta hermosa tierra.

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