Tradición navideña en San Ignacio

“El Niño Dios me salvó la vida. Un huaico bloqueó la carretera Jaén-San Ignacio y tuvimos que cruzar ese tramo caminando sobre el barro y las rocas. Ya en el otro lado me percaté que se me habían caído los 25 mil soles que llevaba para traer mercadería de Chiclayo. Lo busqué desesperadamente entre el lodo y, al borde del colapso, imploré al Niño Jesús queme ayude a encontrarlos. Cuando creía que todo estaba perdido, veo el pequeño paquete entre unas piedras que arrastró la avalancha. Elevé la mirada al cielo y agradecí infinitamente a la divinidad y salté para salir del lodo movedizo, en eso otra avalancha pasó casi rosándome el cuerpo. Fue tremendo el susto que me pareció el fin de mi vida. El Divino Niño Jesús me devolvió a la vida, desde entonces nunca falto a su celebración, de donde me encuentre regreso a este portal”

De esto hace casi 50 años, pero Florentino Camizán (69) lo narra como si hubiera sido ayer, al sustentar que el Niño Jesús es milagroso, por eso, a pesar que ahora reside en Tarapoto, todos los años regresa al barrio La Cultura de San Ignacio para estar presente en sus festejos que se inician, con el armado del portal, el 20 de diciembre, y concluyen el 6 de enero con la Bajada de los Reyes Magos.

En gratitud a ese milagro, Camizán, donó un pequeño lote junto a su casa, donde en 1983 se construyó la capilla en la que se levanta el portal que alberga al Niño.

Este es uno de los tantos pesebres que se levantan, en estas fiestas navideñas en la ciudad de San Ignacio de Loyola (Cajamarca). Los otros se ubican en los barrios Santiago, Chililique, La Cueva, Alto Loyola, La Victoria, Progreso, plazuela San Ignacio, Túpac Amaru y 25 de Diciembre; además, el jirón Santa Rosa, urbanización Santa Rosa, sector El Mercado, Asentamiento Humano 22 de Agosto y otros que organizan algunas familias tradicionales.

Los preparativos comienzan a partir del 15 de noviembre con los ensayos de los grupos de diablicos, pastoras y aldeanas que fortalecen esta tradición que se remonta a mediados del siglo pasado.

Esos grupos folclóricos, conformados por niños y adolescentes, se organizan desde 1950, algunos dicen que mucho antes, bajo la influencia de las tradiciones de Huancabamba (Piura), puesto que varios residentes de San Ignacio vinieron de esa provincia andina.

El sacerdote jesuita Javier Uriarte recuerda que, al llegar de España, en 1970, encontró que ya se celebraban estas festividades con el impulso de la parroquia de San Ignacio y la activa participación de los feligreses.

Reconoce que años atrás la comunidad, los jóvenes en especial, tenían una mayor presencia en estas festividades y ahora ha disminuido ligeramente. Esto se apreció en los festivales de pastoras, aldeanas y diablicos que se escenifica en el Coliseo Cerrado, donde se esperaba la participación de al menos 30 grupos, pero no pasaron de 11.

El sacerdote relieva que esta tradición tiene la principal finalidad de fortalecer los lazos familiares y de la comunidad, ya que su organización demanda la unidad de los miembros de cada hogar y de los vecinos. Eso hace que esta festividad se mantenga en el tiempo y constituya uno de los principales atractivos culturales y religiosos de San Ignacio, entre diciembre y enero de cada año.

Los diablicos, pastoras y aldeanas salen a bailar desde el 24 de diciembre con un pasacalle que se inicia a las 3 de la tarde y termina a la medianoche con la Misa del Gallo en la catedral. Los días sucesivos recorren los distintos portales, donde los gratifican golosinas, comida, alimentos y bebidas (chicha y canelazo), ahora lo matizan con cerveza. No falta el chocolate y panetón.

El 6 de enero o el fin de semana más próximo a esta fecha es el ritual de la bajada de los Reyes Magos cuando el Niño Jesús es entregado por el ángel mayordomo saliente para que este haga lo propio al sucesor que organizará la festividad del año siguiente. Los miembros del comité reciben a un integrante de la Sagrada Familia y los demás elementos del pesebre el público presente que se compromete a devolver otro. Así crece el portal. Este acto con se cierra con la repartición de potajes tradicionales (cuy frito, gallina hornada, asado de res, mechado de pollo, etc.). Se estima que cada barrio gasta alrededor de 10 mil soles en estos festejos.

César Novoa, amplio conocedor de estas tradiciones, dice que inicialmente solo se armaban los pesebres ante los cuales bailaban las pastoras y a finales del 70 traen a los primeros diablicos desde Huancabamba, a iniciativa del cafetalero Víctor Ramírez, quien había migrado de esa provincia. Hoy cada barrio despliega su mayor esfuerzo para presentar a los mejores danzantes y pesebre, competencia que beneficia a los visitantes.

Portales, aldeanas, diablicos y pastoras hacen que la Navidad muy especial durante 15 días en San Ignacio, donde se combina la religiosidad popular con las expresiones paganas, propio de fusión de los valores de religión católica que trajo la conquista con los autóctonos de América del Sur.

Javier Uriarte reitera que los diablicos representan la lucha del bien y de mal, y siempre gana el ángel (el niño vestido de traje blanco), tras lo cual los diablos se arrodillan ante el Niño Jesús y le rinden pleitesía.

Guido

Comunicador, especialista comunicación estratégica, comunity managaer, fotoperiodista de viajes, autor del libro "Más allá de los destinos".

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