La vida resplandece en el Jardín de los sentidos

TRUJILLO, PERÚ. Al cruzar el portón verde nos sorprenden unas melodías instrumentales que se confunden con la densidad de la colorida vegetación, el trinar de las aves y el zumbido de los insectos que se vanaglorian en las abundantes flores.

Estamos en el acogedor Jardín de los Sentido que no deja de impresionar a sus visitantes. “El sentir de las fragancias me ha llevado a los rincones de mi memoria”, reflexionó Teresa Fuller Granda, plena de satisfacción después de observar el mosaico de colores y matices de las flores, de admirar la delicadeza con la que las mariposas y picaflores extraen la miel y el polen, escuchar el revoloteo y el incesante trinar de los pajarillos e inhalar el olor de cada una de las plantas.

Esta gratificante experiencia de la hija de la afamada Chabuca Granda al recorrer cada rincón del Jardín de los sentidos, convertido en la despensa de quienes buscan el reencuentro consigo mismo o simplemente un espacio de sosiego, reflexión y quietud.

Son tantas veces que me acoge la frescura de este jardín que ya perdí la cuenta, solo sé que cada vez que llego es un nuevo descubrimiento, un nuevo hallazgo, una experiencia única, singular.

Esta vez fueron las aves las que concentraron mi atención, pero de manera especial los colibrís de colores destellantes y fino plumaje, y lo fue porque me dejaron la impresión de que era día de festín. Saltaban de flor en flor, introduciendo su alargado pico, mientras se sostenían agitando sus alas, como si fueran las alas de un avión de juguete. Fue el espectáculo de la vida más sobrecogedor que alimenta mi predilección por esta especie.

El escenario

En los 3 mil metros cuadrados que comprende este jardín, Raúl Silva Yepes, su creador y protector, cultiva una diversidad de plantas exóticas traídas de distintas partes del planeta, las que están ordenadas con un sentido estético, arquitectónico y místico.

Entre estas especies destacan el curri, las magnolias y la cica reboluta, que se caracterizan por ser plantas milenarias que las seguimos conservando.

Este escenario, que se encuentra en medio de los cultivos de la campiña de Barraza, fue diseñado siguiendo los cánones de las construcciones de las civilizaciones precolombinas y comprende un anfiteatro hundido donde se desarrollan actividades artísticas; un espacio en homenaje al oasis de la costa peruana con una fuente de agua circular de la que emanan plantas acuáticas, a la sombra de espigadas palmeras.

Enseguida, unos pasadizos a desnivel nos guían entre la intensidad de los colores de las flores y la delicia de las fragancias que se impregnan, no solo en el cuerpo, sino sobre todo en las células cerebrales, activando los recuerdos guardados en nuestra memoria, que nos transportan a los cubiles de los años infantiles, adolescentes, juveniles.

En este espacio, Raúl Silva aplicó sus conocimientos en paisajístico adquiridos en España, Bélgica y Holanda para crear este centro de recolección, investigación, propagación  y protección de especies naturales, único en Latinoamérica, en su género.

La medida utilizada para determinar la estructura del jardín se basa en el pie moche, que es aproximadamente 30 centímetros de largo. Esta propuesta se inició en 1981 como un vivero, pero hace seis años cambió el diseño pensando en las personas con discapacidad visual.

Los senderos están marcados a 90 centímetros del suelo, lo que permite percibir las fragancias y texturas de las flores, ya que el propósito de su creador es que “la gente vea por la piel, que son ojos que hemos olvidado”.

El chamán ascopano Ombayec recomendó que las plantas se organizaran según los puntos cardinales: las del saliente, son las más cálidas (colores rojos y naranja), las de colores fríos (azul o lila) van hacia el oeste con proyección hacia el mar. Al sur, en dirección a la Cruz del Sur, están las luminosas (amarillas), y hacia el norte, los elementos blancos.

¿Cómo visitarlo?

Los interesados en visitar este jardín, previamente deben comunicarse con el propietario Raúl Silva a través del teléfono móvil 949963830 o a la red social www.facebook.com/Jardindelossentidosperu. Es importante coordinar las visitas previamente para no cruzarse con otros visitantes.

Ubicado a 15 minutos de Trujillo, al jardín se puede llegar a través de la prolongación de la avenida Federico Vaillarreal, siguiendo el trayecto que va hacia la parte posterior del Museo de Arte Moderno, en el sector Chacarilla de Barraza. (Por: Guido Sánchez Santur/Repturperu)

 

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Guido

Comunicador, especialista comunicación estratégica, comunity managaer, fotoperiodista de viajes, autor del libro "Más allá de los destinos".

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